La leyenda de Alí y Cántara

Sobre Alicante

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Descripción

Se cuenta, que en estas tierras bañadas por el mar, vivía una princesa cuya beldad no tenía parangón. Cántara que así se llamaba, era la hija del califa y tenía la piel blanca como la nieve, ojos almendrados del color de la miel y un cabello largo y sedoso, negro como los azabaches. Toda ella era delicadeza y parecía venida del mismo paraíso...

Tal era su fama, que a pretenderla llegaban jóvenes nobles de todos los confines de la península, y de entre todos, dos de ellos destacaban por sus cualidades sobre los demás.

Uno se llamaba Ali y era un apuesto muchacho, amable y gallardo, muy dicharachero, y el otro se llamaba Almanzor, general de los ejércitos del padre de Cántara, guapo, alto, fuerte y todo lo que uno puede esperar de un soldado recto, noble y laureado.

El Califa no sabía a cual de los dos debería darle la mano de su hija, pues esta no dejaba clara su preferencia por ninguno de los dos caballeros. Así que propuso que el que realizará la hazaña más inigualable y beneficiosa para la tierra, sería el merecedor de casarse con la bellísima Cántara.

Almanzor decidió coger una flota de barcos y partió a ultramar con el objetivo de traer especias y sedas que deleitaran al Califa y a la princesa .
Ali, mucho más avispado, prometió construir una gran acequia,que traería el agua desde Tibi hasta la costa, y aquí se quedo, aunque empezó con el trabajo de buena gana, pronto se cansó y se dedicaba a cortejar a la princesa con poemas, regalándole flores y cantando a su belleza infinita, por supuesto, ella sucumbió y acabo pérfidamente enamorada de Ali.

Mientras tanto Almanzor volvió triunfante, con sus barcos cargados hasta los topes de sedas y especias, y el Califa que nada sabía de los amores de su hija, cumplió su promesa y le concedió a Almanzor la mano de la beldad.
Alí cuando se enteró de que era el perdedor se volvió loco de dolor y, echando a correr cayó por un barranco, dicen que allí de la tierra Broto el agua de lo que hoy es la presa de Tibi.

La muerte de Alí, fue la muerte para Cántara pues con el corazón roto por su amor perdido, salto a su vez de la Sierra de San Julian (serra grossa) hoy se conoce ese precipicio como el salto de la Mora.
Nada se dice de la suerte del general pero sí del tristísimo Califa, de donde viene el grueso de leyenda mágica, sumido en la más terrible depresión por perder a la joya más brillante de su casa, su hija bienamada. No comía ni dormía y al final decidió correr el mismo destino de los dos amantes y también optó por tirarse de la montaña, de lo alto de su castillo, donde al día siguiente apareció su efigie grabada en la roca (la cara del moro).

Los habitantes del lugar, conmovidos por la trágica historia, decidieron que, en honor de los jóvenes amantes, sus nombres estuvieran Unidos, aunque solo fuera en el nombre de la ciudad. Y así empezó a llamarse Alcántara y a nuestros días ha llegado Alicante.

Firmado. Mirando al chef.